Para enfriar la ciudad: planificación democrática

2023-09-19T08:10:34.000-04:00

La prensa de hoy nos trae una interesantísima columna del Dr. Ariel Lugo, que se llama La paradoja climática de San Juan. Trata sobre el problema del calor extremo que hemos estado viviendo en Puerto Rico recientemente y particularmente en la ciudad de San Juan.

El Dr. Lugo señala que San Juan se ha convertido en lo que él llama una ‘trampa de calor’ y nos recuerda que los ríos, las quebradas, los bosques, los humedales, los jardines y otros cuerpos son los que enfrían una ciudad.

Eso es precisamente lo que hemos estado destruyendo sistemáticamente durante las últimas décadas. Como él dice en su columna, no titubeamos en rellenar humedales y tumbar árboles para reemplazarlos con cemento y con brea.

Pero la pregunta que tenemos que hacer no es por qué ocurre esto, porque evidentemente no es por la maldad de algún villano que decida que quiere destruir la ciudad o sofocar la ciudad con el calor.

Por qué se optó por destruir el ferrocarril y destruir el trolley en Puerto Rico?

Por qué se decidió privilegiar el automóvil privado?

Por qué se decidió adoptar el modelo del crecimiento urbano desparramado, que depende del automóvil privado, todo lo cual implica el desarrollo desenfrenado y sin control precisamente de la brea y del cemento?

Este no es un problema que nada más se plantea en Puerto Rico, se plantea en muchísimas ciudades del mundo. La razón ha sido discutida en la literatura sobre este tema en muchísimas ocasiones: está en el hecho de que el desarrollo de nuestras ciudades no ha estado regido por una planificación, menos aún por una planificación democrática con una visión ecológica.

Al contrario, ha estado dirigido por la búsqueda de la ganancia privada de las empresas petroleras, de la ganancia privada de las empresas constructoras de carreteras y de urbanizaciones, de las ganancias privadas de las empresas del automóvil y todo lo que acompaña la industria del automóvil.

Esas son las fuerzas que han determinado la construcción de la sociedad en la cual nosotros vivimos.

El Dr. Lugo señala que es necesario repensar la ciudad, que tenemos que transformar la ciudad. Yo estoy totalmente de acuerdo. Pero no podemos repensar la ciudad y reconstruir la ciudad si no recuperamos también un concepto fundamental — el concepto del desarrollo planificado de la ciudad, que debe ser una planificación democrática y participativa.

Y yo sé que algunos dirán bueno, es que la planificación y el desarrollo planificado implica destruir la libertad del individuo y la libertad del individuo para emprender.

Lo que pasa es que si seguimos por el camino que vamos, como plantea el Dr. Lugo, vamos a acabar sofocados en la ciudad no planificada en la que estamos viviendo.

Y algunos plantearán que la planificación es el socialismo y que la planificación ha fallado dondequiera que se ha implementado. Yo no voy a entrar en esa discusión ahora, pero lo que debe quedar claro (y les invito a que lean la columna del doctor Lugo) es que lo que ha fracasado en Puerto Rico, lo que estamos viviendo en Puerto Rico es el fracaso de esa ciudad construida a través de la competencia, construida a través del tan alabado y ensalzado mercado, construida a través de la búsqueda de la ganancia privada.

Mientras más rápido reconozcamos que ahí está el problema, mejor. Porque la cura empieza por el diagnóstico preciso y correcto de la enfermedad.

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