El imperio de la mentira en la política
2026-01-29T19:23:00.000-04:00
Decía la teórica política, Hannah Arendt, que “mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada.” Explica que la mentira, como herramienta del poder político, causa que el pueblo no pueda distinguir entre la verdad y la mentira y, por tanto, no pueda distinguir entre el bien y el mal. Para Arendt, un pueblo privado de la capacidad de pensar y juzgar está, sin saberlo ni quererlo, sometido al imperio de la mentira. Y con ese pueblo, concluye la autora, el poder puede hacer lo que quiera.
Si algo ha caracterizado el debate político reciente tanto a nivel local como federal es la mentira, ganando la demagogia y falsedad en el mensaje del liderato político al pueblo. Siguiendo la línea de Arendt, el uso de la mentira ya no sería una simple respuesta espontánea, sino una herramienta intencionalmente dirigida a enajenar al pueblo de la realidad, con el fin de manipularlo.
El mejor ejemplo lo tenemos en Estados Unidos con el Presidente Donald Trump y sus constantes declaraciones e imputaciones patentemente falsas. De igual forma actúan Pam Bondi, Fiscal General del Departamento de Justicia federal, y Kristi Noem, Secretaria de Homeland Security, al expresarse sobre las intervenciones ilegales y ejecuciones extrajudiciales de ICE con inmigrantes y con ciudadanos, como Renee Good y Alex Pretti en Minnesota, afirmando que están cumpliendo con la ley y que cualquier uso abusivo de la fuerza es provocado, cuando hay videos que demuestran todo lo contrario. A esto se añaden la manipulación de datos y el menosprecio al conocimiento científico. No parece ser casualidad, lo importante es confundir y así poder actuar sin limitaciones.
Lo mismo vemos en el escenario político puertorriqueño con las constantes aseveraciones patentemente falsas que caracterizan a portavoces del gobierno, como Jenniffer González y Thomas Rivera Shatz, entre otros líderes del PNP, no solo contra la oposición política, sino contra cualquier persona y organización que levante la voz en Puerto Rico. ¿Cuántas veces han dicho que celebraran vistas públicas hasta en los medios y luego aprueban medidas por descargues?
En lugar de tener debates, análisis de información o respuestas serias sobre los problemas sociales y alternativas reales para la colonia en quiebra, territorio más pobre de todos los Estados Unidos y el quinto país con mayor desigualdad a nivel internacional, optan por la demagogia, burla y mentira sobre el otro como estrategia para evitar el debate serio y confundir la opinión pública, al estilo Trump.
El uso de la mentira como herramienta y estrategia política se sigue generalizando con las nuevas cepas de líderes, como Luis Dávila Pernas, que anda por los medios afirmando alianzas con Maduro a quienes catalogamos como ilegal, bajo el derecho internacional, la intervención unilateral de Trump en Venezuela. No importa que no exista evidencia alguna sobre dichas relaciones políticas, sólo es cuestión de escribirlo en cualquier medio e incluso crear hasta fotos con inteligencia artificial, para confundir. Lo importante al final es que el pueblo no pueda distinguir entre qué es verdad y mentira.
Como dice Arendt, la verdad no parece importar al poder político actual. ¿Qué vamos hacer al respecto? Porque el objetivo al final es que la gente no crea en nada y hacer con ellas lo que se les antoje.


